Repaso a las discusiones claves del Seminario Iberoamericano de Periodismo Cultural

Por Flavio Vargas Gomescásseres

Sobre cuatro ejes se movió la discusión del Seminario “Periodismo, participación y cultura”, en Mar del Plata. Los dos primeros son preguntas: ¿Cómo hemos hecho el periodismo cultural? ¿Cómo trabajamos con las herramientas de la tecnología? Las respuestas podrían ser: mal y no sabemos.

La reputación del periodismo cultural

Algunos periodistas asistentes al Seminario. De Izquierda a derecha: Patricia Kolesnicov, Ivonne Guzmán, Juan Boido, Patricio Guzmán, Tadeu Breda, Mario Jursich, Fernando Araújo, Clementina Crisolitti, Lucía Herrera y Hémel Atehortúa. Foto: Gonzalo Martínez.

Hay un acuerdo amplio sobre la reputación del periodismo cultural. En palabras de Alcibiades González, “el periodismo cultural es tedioso, ilegible, aburrido, viejo y sólo habla de cine, libros, música clásica y teatro”. Las palabras “suplemento cultural” infunden temor de lectura, aunque durante la discusión se hayan presentado como el ladrillo fundacional del periodismo cultural, pero al fin y al cabo, un ladrillo.

Con lo que se ha dicho, parece que hemos ignorado con gran empeño las palabras de Voltaire: “cualquier estilo es bueno, menos el aburrido”. Hoy estamos frente a una audiencia joven, que lee diferente, tiene unos intereses diferentes y que al parecer ha perdido interés en el periodismo cultural que venimos haciendo. Esas diferencias hacen parte de un cambio en el concepto clásico de cultura, como explicó Héctor Feliciano, y al que el periodismo está poniendo atención. Hace falta un esfuerzo que incluya diferentes tipos de manifestación cultural y su aliento debe alcanzar para llegar a los terrenos de la economía y la política.

No se trata sólo de atender a las nuevas manifestaciones de la cultura sino de incorporarlas a la agenda informativa, porque a la concepción clásica de la cultura todavía se le puede sacar jugo y porque, para muchos, el producto periodístico es la única experiencia cultural, no sólo con la lectura misma, sino con su creación, como es el caso de los cómics informativos que prepara el medio digital salvadoreño El Faro.net.

La discusión dedicó tiempo a la necesidad de contar mejor el mundo, lo que no deja de ser inquietante: entonces antes no lo contábamos bien. Hoy el resultado es rating cero. Estamos frente a una audiencia que huye en masa de los tecnicismos, academicismos, leguleyismos y culturalismos. Nos hemos propuesto en este seminario ser más narrativos, sabiendo que eso implica luchar contra las estructuras sostenidas por los mitos fundacionales de los medios: no hay plata, no hay espacio y no hay tiempo. No hay.

El rol de la tecnología

La audiencia, que preocupa tanto, ha sido la que nos abre la puerta para hablar de la tecnología. No sabemos con certeza a dónde va toda esa gente que huye de nuestras publicaciones. Parece que llegan a Twitter y ahí cuentan todo lo que les gusta y no les gusta de nosotros, mandan enlaces a nuestras páginas, nos reseñan y nos critican. Pero la preocupación que nos invade no es tanto que nos juzguen, sino que hablan de cosas que no sabíamos y nos hacen sentir viejos, como dijo el joven Juan Boido, editor del suplemento RADAR del diario Página/12. Los temas que antes iban de boca en boca, ahora van en tuit en tuit. No sabíamos de Callejeros, un grupo musical que convocaba a miles y nos dimos cuenta cuando esos miles se quemaron en la discoteca Cromagnon. No lo supimos por el boca a boca, ahora lo podrías saber por un tuit.

Así como la gente se ha acercado a los medios para quitarles el protagonismo de los temas y para criticarlos, los medios tienen en las redes sociales un modo de escuchar. Es una forma de recibir información para construir una agenda con la gente, no sólo para la gente. Aprovechar una plataforma que transforma el modo de hacer periodismo y también el de hacer cultura.

Manejo privado – manejo público

Luego de hablar de la autocrítica del periodismo cultural y del rol de la tecnología, falta hablar del tercer eje de la discusión: el eje del mal. El tema espinoso de si es mejor el manejo privado o el manejo público de los medios. Aunque hubo voces a favor y en contra, quedó en el aire una sensación de desconfianza. Ambos salieron mal librados en el censo de experiencias de cada país iberoamericano. El resultado es una mezcla de medios públicos intervenidos por ideologías gubernamentales y de medios privados intervenidos por intereses comerciales. O en el peor de los casos, representantes gubernamentales que hacen parte de conglomerados económicos y que a la vez son dueños de medios. Parece que ninguno es suficiente garantía para vigilar el quehacer periodístico y los contenidos que produzcan. Sin embargo, se presentó una alternativa: la vigilancia de los medios entre sí, promover que los medios miren a otros medios, los feliciten y los critiquen, que dediquemos un poco de nuestro tiempo y nuestros recursos a mirarnos, aunque sea de reojo.

Tal vez una alternativa de esa clase sea la vía en la que compartamos con la audiencia el escepticismo o la mirada crítica frente a los contenidos, que incluso nosotros mismos producimos.

Los hechos visibles

Al final se ha hablado de manifestaciones culturales muy vinculadas con la violencia y con la ilegalidad. ¿Qué hacer con los narcocorridos, con la apología de la violencia que se manifiesta en íconos y canciones? Nos queda pendiente contarlo, no como apología, sino como aquello que pasa.

El periodismo tiene la misión de construir puentes en lugar de ignorar los hechos. Hay que tener en cuenta de que los hechos visibles para un público pueden ser invisibles para otros. Así que parte de ese trabajo sería, por ejemplo, hacerle entender a un papá por qué para su hija es importante Lady Gaga y a ella por qué su papá prefiere a Borges.

(RedCulturalFNPI)