Cómo se escribió la carta más famosa de la Argentina. En memoria de Rodolfo Walsh.

"Walsh en La Habana, en 1974, cuando fue jurado del género Testimonio del Premio Casa de las Américas": RADAR, Página/12

Homenaje de la Red Iberoamericana de Periodismo Cultural a la memoria de Rodolfo Walsh, periodista y escritor argentino asesinado en 1977,  y varios de cuyos victimarios fueron condenados recientemente a cadena perpetua.

El pasado miércoles 26 de octubre, la justicia argentina condenó a cadena perpetua a seis de los siete militares acusados por la muerte y desaparición de Rodolfo Walsh, escritor, periodista y militante asesinado hace 34 años, el 25 de marzo de 1977. A sus 50 años, Walsh era ya un escritor consagrado: siete libros de cuentos, dos obras de teatro y tres investigaciones periodísticas de largo aliento publicadas como libros, entre ellas “Operación Masacre”, un verdadero clásico del periodismo latinoamericano. Media hora antes de recibir el balazo que le quitó la vida, a manos de un grupo de tareas de la Escuela de Mecánica de la Armada -la terriblemente célebre ESMA- Walsh había depositado en un buzón de correo diez copias de un escrito de casi tres mil palabras que desde entonces no se ha dejado de leer: “Carta de un escritor a la Junta Militar”. En él, con “la precisión y contundencia de un golpe de timbal”, Walsh disecciona con cifras, datos y nombres propios los atropellos físicos, políticos y económicos de la Junta que había asumido las riendas del gobierno un año antes, tras derrocar a Isabel Martínez de Perón.

La escritura de la carta le tomó a Walsh tres meses y varios borradores. En la clandestinidad, rodeado de documentos, notas y recortes de prensa, y capturando incluso datos de las frecuencias radiales militares, luchó contra él mismo y contra las objeciones de otros hasta encontrar el tono y el enfoque que buscaba, inspirado por un texto clásico que había traducido del latín años atrás: las Catilinarias, del orador latino Cicerón. La gran testigo de este proceso fue Lilia Ferreyra, su mujer, con quien había huido del “cerco de Buenos Aires” a una casita junto al lago San Vicente, 55 kilómetros al sur de la capital. En ese exilio estratégico, Lilia lo acompañó, lo observó y le sirvió de primer juez, escuchando repetidas lecturas en voz alta de una pieza tecleada con cerebro y corazón: “Sin esperanzas de ser escuchado, con la certeza de ser perseguido, pero fiel al compromiso que asumí hace mucho tiempo de dar testimonio en momentos difíciles”.

Presentamos hoy -gracias a nuestros amigos del Suplemento RADAR del diario Página/12- la historia de ese apasionante proceso de creación, contado por la propia Lilia Ferreyra:

Esa carta

Por LILIA FERREYRA

Poco antes de la medianoche, terminó de pasar en limpio la última copia de la Carta y se masajeó los dedos. Desde hacía algún tiempo le habían empezado a doler las articulaciones. “Artrosis”, dijo. “Pero todavía le pego a las teclas.” Nos reímos y empezamos a ensobrar las diez copias dactilografiadas con carbónico de ese texto que había comenzado a escribir tres meses atrás.

Pocas semanas antes de cumplir cincuenta años -había nacido el 9 de enero del ‘27- quiso definir dos apuestas para el 24 de marzo del ‘77, aniversario del primer año de gobierno de la Junta Militar: terminar el cuento Juan se iba por el río y difundir un documento que denunciara los crímenes de la dictadura.

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