
Jon Lee Anderson observa la pantalla donde se proyectan los trabajos de los participantes en el Taller de Periodismo y Literatura
Por Paul Brito
En la recta final del Taller de Periodismo y Literatura: crónicas de la Barranquilla de García Márquez, con Jon Lee Anderson, el maestro proporcionó nuevas claves y consejos para la elaboración de crónicas, y profundizó en algunos asuntos tratados en los días previos, reafirmándolos o dándole nuevos matices. Compartimos algunos de ellos:
La distancia con el tema tratado
Es conveniente abordar las historias de manera que no se caiga en la alabanza ni en el repudio. El tema se debe exponer de tal forma que los lectores se formen su propio juicio acerca de él. Aproximarse sin prejuicios, no tomar partido por sus detractores ni por sus defensores, y contrastar todas las opiniones sin dar ninguna por sobreentendida. No hay que enfrascarse en un solo punto de vista. Un ejemplo: en un tema que tenga que ver con la religión, se agradece que el cronista no lo exponga desde un punto de vista exclusivamente racionalista y científico, ni por el contrario sólo desde la óptica de la fe.
La cámara y la ambientación 3D en la crónica
Si se está describiendo a un personaje, es útil verlo desde múltiples ángulos para alejarse de la caricatura y acercarlo al lector; saber jugar con la “cámara” de la narración: acercarla al personaje y luego alejarla para que el lector no pierda de vista el contexto donde este se mueve, de manera que nunca deje de ser ante sus ojos una persona de carne y hueso en medio de sus circunstancias. De ahí que se deba poner especial atención a las coordenadas de la historia: qué, quién, cómo, cuándo, dónde. No olvidar nunca que se debe situar concretamente la acción y mostrarle al lector por qué estamos en ese punto de la historia.
Aquí es oportuno recordar lo que Jon Lee ya ha dicho antes sobre la ambientación tridimensional del personaje: mostrar dónde vive, dónde trabaja, qué hace en sus ratos libres, qué dicen sus amigos de él, qué opinan su pareja y sus familiares, mostrar su rostro y sus gestos. Las citas y declaraciones pronunciadas en los diálogos funcionan para este propósito, porque el habla de los personajes puede llegar a retratarlos muy bien, siempre y cuando se escojan los diálogos de tal forma que aporten sustancialmente a la esencia de la historia. No hay que compartirlos todos: hay que escoger los más significativos y ahorrarle al lector los que hacen parte del proceso mecánico de la reportería.
En cuanto a esos detalles con los que se va apresando la figura tridimensional del personaje, se debe tener en cuenta que la observación del cronista no debe quedarse en una simple enumeración superficial de características ni en la reiteración de las que ya se han mostrado. Se deben escoger lo más importante y transmitirlo de una manera completa. Por ejemplo, no se trata simplemente de mencionar que un personaje lleva una bolsa en su mano: se debe transmitir a lector el peso de esa bolsa, al configurar los detalles que lo reflejen.
El orden, el foco y los nudos
Otro consejo general sería alisar los nudos de transición cuando se pasa de un tema a otro dentro del mismo texto. No es deseable que las áreas temáticas de la crónica se superpongan y se roben importancia entre sí, de manera que se noten desniveles. Lo mismo pasa con los personajes: se debe potenciar solo el principal y eliminar el secundario si este compite en protagonismo y no llega a equipararse con el otro. En ese caso, es mejor aferrarse al personaje principal y guiarse con él para recorrer otros personajes y escenarios.
Otros nudos que pueden afectar el tono narrativo y que también deben suavizarse son las estadísticas (la información seca y utilitaria) para que la crónica no pierda esa virtud de leerse como un cuento.
Pero en lo que la crónica no debe parecerse a un cuento es en el énfasis sugestivo o elíptico de este. Si la crónica deja una sensación de misterio, de algo desconocido, con huecos y claroscuros que debe rellenar demasiado el lector, entonces queda la impresión de que no le ha dado toda la información, o de que el periodista no ha sido lo suficientemente minucioso y exhaustivo.
En eso la crónica debe alejarse de un cuento, pues mientras este recurre más a la parte invisible del tema para explotar las posibilidades que contiene esa parcela de la realidad, la crónica debe proponer una imagen concreta y unívoca de aquella información que no es evidente. Mientras el cuento tiene un compromiso de honradez con la imaginación del lector y con todos los haces de significación y sentido que puede proporcionar un evento posible, la crónica tiene un acuerdo de honradez con la realidad misma y con sus bordes verificables.
Resúmenes de las demás jornadas del Taller:
El ciclo de actividades del Taller de Periodismo y Literatura fue organizado por La Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano -FNPI-, la Secretaría de Cultura de Barranquilla y la Revista SoHo; con la colaboración de CAF -Banco de Desarrollo de América Latina-, Fundación Gases del Caribe, Comité Intergremial del Atlántico y Fundación Carnaval de Barranquilla.



