El lápiz refractado: diálogo con lo fáctico

Participantes del Taller sobre periodismo literario con Daniel Samper Pizano. Foto: Joaquín Sarmiento/FNPI

Participantes del Taller sobre periodismo literario con Daniel Samper Pizano. Foto: Joaquín Sarmiento/FNPI

Por Willy McKey, relator del taller de periodismo y literatura con Daniel Samper Pizano

 “¿Hasta qué punto los diálogos que uno recuerda, graba o apunta pueden reproducirse fielmente? Yo siempre recomiendo el recurso de los riñones, fingir problemas renales: oír un rato, meterse al baño y anotar todo lo que le hayan dicho de la manera más fiel posible y volver de nuevo a la escena donde tenga lugar la entrevista. Pero incluso así, ¿hasta qué punto esa manera de verificar los hechos o registrar en la cabeza lo que se ha dicho y tratar de reproducirlo es válido, fáctico y real?”. De esta manera, Daniel Samper Pizano abrió el debate sobre un tema que –advierte- se ha discutido mucho y que orbita en la misma diferencia que ya se había visitado alrededor del asunto ficcional: el contraste que existe entre la literalidad y la fidelidad. “Hay cosas que son literales y cosas que son fieles, aunque no sea literales. En momentos, la fidelidad corre el riesgo de alejarse de la literalidad”. Así que Daniel Samper Pizano recuerda uno de los experimentos que no tuvo tanta relevancia en el momento como la idea del agua llena de tinta: el clásico ejercicio óptico del lápiz en un vaso de agua y la manera en la que se genera una ilusión que lo rompe por la refracción de la luz. “Recuerden el lápiz en el vaso de agua. Ese lápiz está completo, pero veíamos las partes separadas. Para que viéramos un lápiz completo en ese vaso, deberíamos meter en el agua uno que estuviera desplazado, roto… algo tan imposible como pretender que los diálogos estén textualmente como el reportero los consigue”.

El problema de transcribir o no transcribir un diálogo, aunque esté grabado; transcribirlo o no con absoluta fidelidad; qué hacer con el lenguaje oral para llevarlo al lenguaje escrito. Todo esto volvió a convocar las dudas que se despertaron con la tinta china llenando de azul un vaso de agua. “Para que el lenguaje escrito sea fiel al lenguaje oral, siempre hay que hacer modificaciones. Tratar de reproducir textualmente, como se hace en los atentados policiales y en ese tipo de testimonios, lo que dice un entrevistado, daría como resultado muchas cosas incoherentes. Pocos entrevistadores son como Juan Villoro o Martín Caparrós, quienes parece que hablaran editados.

La única manera de ser fiel al entrevistado es modificando la literariedad y acoplándola a “lo que quiso decir”. Enseña el maestro Samper Pizano que, aunque siempre se corre el enorme riesgo de que el periodista esté equivocado, los diálogos para ser fieles deben sufrir algún tipo de modificaciones, porque desde la oralidad hasta la lectura el lenguaje también se transforma. “Decía Alejandro Obregón un frase que a mí me encanta y mi mujer detesta: hay que ser leal siempre e infiel cada vez que se pueda. Con el levantamiento de los diálogos pasa lo mismo: el valor de la lealtad es mucho más importante que el de la fidelidad.

Otras herramientas literarias fueron vistas de modo pormenorizado. Estrategias y recursos como la presentación por escenas, el anticipo ominoso, el tratamiento de lo que piensan los personajes, la elipsis narrativa y las transiciones, los manejos de tono y atmósfera, los puntos de vista, los lugares de enunciación, los símiles y las metáforas, la retención de datos y los perfiles descriptivos de los personajes, sirvieron como primeras aproximaciones a la larga lista de recursos con los cuales la literatura contagia y enriquece el ejercicio periodístico y la escritura con materiales fácticos.